Si entraste a Instagram este finde largo y no viste un ejército de modelos vestidos de rosa con cascos, ¡felicidades! seguro te fuiste de viaje.

A los que como yo se quedaron en casa descansando (y scrolleando), seguro vieron el trend viral con IA inspirado en Rhode que convirtió a todos en modelos por un par de días… o hasta que el próximo meme llegue.

¿Qué está pasando?

La dinámica es básicamente esta: con apps de inteligencia artificial como Glam IA, Miu AI o incluso generadores tipo Nano Banana, miles de personas han estado generando sesiones de fotos hiperrealistas con la estética visual que recuerda (de manera no oficial) a la marca Rhode de Hailey Bieber, ese look luminoso, rosa pastel, piel tipo “glazed donut” y vibra editorial de lujo.

Este trend es como una nostalgia tecnológica: el mismo afán de embellecer nuestras fotos, pero elevado a la enésima potencia por algoritmos que saben exactamente qué huecos de luz y rosa pastel hacen que nos veamos… glaseados.

¿Just fun o espejo distorsionado?

Aquí viene mi parte favorita y la reflexión que no puedo evitar hacer:

La IA no solo edita nuestros retratos: convierte nuestras aspiraciones visuales en algo tangible. Pero entonces cabe la pregunta: ¿seguimos siendo nosotros en esa foto?
¿O esa versión pulida y perfecta se vuelve una especie de avatar aspiracional que poco tiene que ver con la realidad? ¿O realmente sirve para motivarnos a mejorar nuestros hábitos y parecernos más a esa versión? En verdad no lo sé.

Yo misma, un día con prisas y sin tiempo para sacar foto tipo carnet, le subí una selfie a Nano Banana y le dije: “Convierte esta foto en un retrato tipo carnet. Estilo de estudio fotográfico, fondo blanco.” Resultado: la foto que terminé usando en un trámite serio. La foto era mía, claro, pero hay un área gris que todavía me hace dudar. 

Esto ilustra justo el punto medio entre utilidad, juego y ese espiral de perfección digital que podemos amar y cuestionar al mismo tiempo. 

¿Cuántos no hemos usado Facetune alguna vez?

El lado cool de los trends

No todo es distopía estética. Este trend, por más amable y superficial que parezca, tiene cosas súper cheveres:

  • Democratiza la producción visual: ahora cualquiera puede jugar con estética de campaña de marca sin cámaras pro ni estudios caros.
  • Es una fiesta de creatividad colectiva: nuestros feeds se llenaron de versiones singulares (y a veces hilarantes) de cualquier persona siendo modelo, ¿vieron la de Eugenio Derbez?

  • Nos recuerda que las redes son territorio lúdico: a veces no hay que sobrepensar tanto las cosas (no soy el mejor ejemplo, lo sé) y solo disfrutarlo como un glow moment digital. 
Conclusión de una intensa

En este boom de trends con IA queda claro que el futuro de lo digital no solo pasa por filtros y poses automáticas, sino por herramientas que nos permiten imaginar versiones de nosotros mismos. La pregunta no es si eso es real o no, sino qué elegimos celebrar y por qué.

Porque al final, lo que compartimos no solo dice cómo queremos vernos, sino también cómo nos queremos sentir.

¿Hasta dónde nuestra percepción se mezcla con lo artificial? Tal vez la respuesta está en ese brillo rosa que todos queríamos este finde… y en cómo seguimos queriendo verlo mañana también.

 

@_daniurdaneta

 

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