Las festividades suelen venir acompañadas de comidas especiales, brindis, conversaciones largas, reencuentros… y también mensajes sobre el cuerpo, culpa y el famoso “me lo tengo que ganar” o “tengo que compensar”. En mi práctica clínica veo cómo, especialmente en estas fechas, muchas personas viven la comida desde la tensión. Quieren darse el gusto, pero temen descontrolarse.
Aquí te dejo algunos pasos para permitirte disfrutar desde la presencia, la conexión y el respeto al cuerpo, sin culpa ni autoexigencia.
Desmonta el mito del “me lo tengo que ganar”
La cultura de la dieta nos ha hecho creer que el placer es un premio condicionado: solo te lo mereces si entrenaste o si comiste “limpio”. Esta narrativa carga el disfrute de ansiedad y culpa. Pero el cuerpo no necesita penitencia para tener derecho a celebrar. Cuando soltamos esa idea, pasamos de relacionarnos con la comida desde el miedo a hacerlo desde la libertad. Y esa libertad se sostiene escuchando señales internas y tomando decisiones alineadas con nuestro bienestar.
Escucha el lenguaje de tu cuerpo
Identificar qué tipo de hambre está presente (aunque ninguna es “mala”) nos ayuda a decidir con más conciencia.
- Hambre física: aparece de forma progresiva y disminuye al comer.
- Hambre emocional: surge por estrés, nostalgia, ansiedad o soledad, buscando alivio inmediato.
- Hambre social: aparece en celebraciones; comemos por ritual, compañía o pertenencia.
Reconcíliate con el placer
El placer es una necesidad humana. El mindfulness nos recuerda que no se trata de comer siempre “bien”, sino de estar presentes: apreciar aromas, texturas, conversaciones y el agradecimiento de compartir. Podemos tomar decisiones que honren nuestra salud y también disfrutar sin culpa de alimentos que no son nutricionalmente perfectos. Ese balance es clave para una relación sana con la comida y con el cuerpo.
Aprende a manejar comentarios sobre tu cuerpo y peso
Las reuniones familiares pueden activar inseguridades y viejos guiones. Comentarios como “estás más flaquita” o “¿y ese plato?” incomodan y nos hacen sentir juzgadas. Pero no tienes que justificar tu cuerpo, basta con establecer límites con frases como: “Preferiría que no comentemos sobre cuerpos.” o “¿Te parece si hablamos de otra cosa?”
Recuerda que celebrar con conciencia no se trata de cuánto comas, sino de estar presente y elegir según tus necesidades. Desde esa presencia, la comida deja de generar tensión y se convierte en lo que siempre debió ser: un puente hacia la conexión, la alegría y la gratitud.
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