El verano de la pañoleta
No hay nada más chic que una pañoleta bien usada. Por discreta que sea, su impacto no pasa desapercibido. Tal vez por eso las fashion insiders han vuelto a confiar en ella. ¿El truco? No la están usando como se “debería”. O, mejor dicho, ya no hay solo una manera correcta.
El encanto de la pañoleta hoy está en su indisciplina funcional. No viene con manual, pero sí con muchas posibilidades. Se le exige lo mismo que a un buen básico: que trabaje tiempo extra y que lo haga con estilo.
En la cabeza, se llevan despreocupadamente sobre el cabello suelto o en peinados que parecen improvisados, aunque no lo sean. En el cuello, bajan con actitud: a veces ajustadas, con vocación de choker, y otras sueltas y alargadas, flotando con el viento. También se transforman en tops triangulados sobre la piel bronceada, en faldas improvisadas sobre trajes de baño y en cinturones que inyectan color y textura a pantalones neutros. Las más expertas las atan sobre los hombros para convertirlas en una especie de chaleco (no lo son, pero nadie se atrevería a decirlo).
Y si el look ya está completo, siempre queda el strap de la cartera para coronarlo con una pañoleta perfectamente anudada, o la muñeca para envolverla como quien no tiene tiempo para joyas, pero sí para un statement.
Esto no es solo sobre versatilidad, aunque bien podría serlo. Más bien, es una invitación a mirar con nuevos ojos esa pieza que parecía ornamental y, de repente, se volvió estructural. Una aliada de estilo que es accesorio y protagonista a la vez, que se adapta sin dejar de imponer y que demuestra que sí, aún hay formas de sorprender con un cuadrado de seda.
Así que, la próxima vez que mires una pañoleta y pienses “¿y esto cómo se usa?”, la respuesta es fácil: como quieras. Solo asegúrate de hacerlo con intención y con actitud de portada.
Te conectamos con las noticias de actualidad y las herramientas que te harán brillar en todos los aspectos de tu vida. Suscríbete al Shiny Newsletter aquí.