«Todos estamos pasando por algo. Y si esta obra puede sostener, inspirar o guiar aunque sea a una persona más, entonces todo valió la pena»

Yuri Cordero es líder en la televisión hispana, escritora, madre, conferencista y, sobre todo, una mujer resiliente. En cada página de su libro, La virtud del proceso, hay un eco de una vida llena de propósito, cicatrices asumidas con valentía y una fe inquebrantable. Ahora, con su versión en inglés, ese mensaje traspasa fronteras para llegar a más corazones que necesitan recordar que el dolor también puede ser parte del plan, y que sanar requiere de coraje. En esta conversación íntima, Yuri nos cuenta parte de su historia con una honestidad desarmante: desde el diagnóstico que cambió el rumbo de su vida hasta las decisiones que forjaron su liderazgo mucho antes de ocupar un puesto ejecutivo de alto nivel, como el que desempeña en Primer Impacto, donde es vicepresidenta y productora ejecutiva.

Lanzaste la versión en inglés de La virtud del proceso. ¿Qué significa para ti que este mensaje ahora cruce fronteras lingüísticas y llegue a nuevos corazones?

Significa expansión, misión y obediencia. La virtud del proceso  nació de momentos de mucho dolor, pero también de crecimiento. Verlo ahora cruzar fronteras lingüísticas no es solo un logro editorial; es una confirmación de que el mensaje no me pertenece: es universal. Todos estamos pasando por algo. Y si esta obra puede sostener, inspirar o guiar aunque sea a una persona más, entonces todo valió la pena. Inicialmente, se suponía que sería un libro de liderazgo. Pero en el proceso entendí que mi liderazgo nació mucho antes de convertirme en ejecutiva. Desde muy pequeña, y por las circunstancias adversas que enfrenté, tuve que tomar decisiones tajantes, definir límites y avanzar sin tener todas las respuestas. Eso también es liderazgo: cuando la vida te obliga a madurar antes de tiempo, pero tú eliges hacerlo con dignidad, determinación y visión.

Tu libro plantea una pregunta poderosa: “¿Qué haces cuando sientes que el mundo está en tu contra?” ¿Cuál fue el primer momento en tu vida en que tuviste que responderla de verdad?

Sin duda, cuando me diagnosticaron cáncer de mama. Esa noticia paraliza, cambia prioridades y desnuda miedos. Una de las enseñanzas más importantes que aprendí es que el mundo no para porque tú no estás. Aunque al principio dolía, eso me enseñó que tenía que valorarme, que yo era importante, pero también que no le tengo que decir “sí” a todo. Aprendí a poner límites, a cuidar de mí. Porque si no haces tiempo para tu salud, tendrás que hacer tiempo para tu recuperación. Saber cuándo detenerse no es debilidad, es esa sabiduría que abre caminos y enseñanzas poderosas. A veces, el dolor es el catalizador del cambio. Y quizás estamos atravesando estos procesos porque fuimos llamados a provocar un cambio generacional en nuestras familias. Lo que hoy enfrentamos, lo que hoy vencemos, puede romper cadenas que llevan años repitiéndose. Hay batallas que no son solo nuestras: son parte de un legado que estamos llamados a transformar.

En el libro compartes episodios muy personales, como tu diagnóstico de cáncer y retos familiares. ¿Qué te llevó a decidir que ya era hora de contar tu historia?

El silencio también pesa. Guardar todo lo que he vivido durante tantos años me hizo fuerte por fuera, pero débil por dentro. Decidí contar mi historia porque comprendí que el dolor no es para esconderse, sino para iluminar el camino de otros. Contarla fue un acto de libertad, pero también de amor. Porque si mi historia puede ser medicina para alguien más, entonces vale la pena abrir el corazón. Además, este libro no es solo para leer, es para vivir.

Al final de cada capítulo incluye una guía de lectura reflexiva que te invita a analizar tu propio proceso con honestidad y claridad. Ese espacio es un refugio, un lugar seguro donde puedes desahogarte, escribir con libertad, revisar lo que te ha pasado y tomar fuerza para seguir adelante. Mi deseo es que cada persona que lo lea se atreva a sanar con la cabeza en alto y con la certeza de que su historia también tiene valor, propósito y poder.

¿Cómo ha evolucionado tu fe a lo largo de este proceso? ¿Fue siempre una constante o también tuvo que reinventarse?

Me crié sin mis padres. Mis abuelos maternos y mis tías fueron mis protectores, mis pilares. Crecí rodeada de amor, pero también con preguntas y sentimientos de abandono que marcaron mi corazón desde muy pequeña. No lo entendía en ese entonces, pero hoy puedo decir con certeza que Dios caminaba conmigo aunque yo no caminara con Él. Nunca me abandonó en mis procesos. Aunque hubo momentos en los que me alejé, su presencia fue constante.

A veces, el dolor es el catalizador del cambio»

En 2019 tuve que tomar una decisión que transformó mi vida espiritual para siempre. Él fue paciente. Me esperó durante siete años, hasta que comencé a cumplir la promesa que le hice cuando me sanó del cáncer: hablar de Él por el resto de mis días. Desde entonces, no he mirado atrás. Hoy le sirvo al Señor en cada área de mi vida: en mi familia, en mi trabajo, en mi iglesia, en las muchas organizaciones donde dono mi tiempo como voluntaria, y hace unos meses me gradué de capellana. Servir es mi manera de agradecer, pero también de multiplicar todo lo que Dios ha hecho conmigo.

Dirigir un programa como Primer Impacto conlleva mucha presión. ¿Cómo manejas la dualidad entre la Yuri ejecutiva y la Yuri que también necesita sostenerse emocionalmente?

Con mucha intención, entrega y disciplina emocional. Aprendí que no puedo dar lo que no tengo. La Yuri ejecutiva está entrenada para resolver, producir y liderar… pero la Yuri mujer, madre e hija de Dios también necesita espacios para respirar, compartir con su familia y seguir aprendiendo. Tomo clases, me capacito y soy muy rigurosa con el manejo de mi tiempo. Llevo más de tres décadas contando segundos y minutos, y he aprendido que hay tiempo para todo. Soy muy intencional con mis momentos de oración, lectura, terapia y desconexión. Me rodeo de personas que me nutren, y mi consejo personal es firme y constante. Llevo el mismo grupo de amistades —algunos de ellos por décadas—, tengo mentores que me guían y reconozco cuándo necesito detenerme. No hay éxito profesional que valga la pena si te pierdes a ti misma en el proceso.

Si alguien está leyendo tu libro desde un lugar de dolor profundo, ¿qué esperas que sea lo primero que se lleve?

Que no está solo. Que su dolor no es en vano. Que, aunque no entienda lo que está viviendo, eso también forma parte del proceso que lo está preparando para algo mayor. Que la herida que hoy arde un día puede convertirse en testimonio. La virtud del proceso es una invitación a creer cuando todo parece perdido, a confiar cuando nada tiene sentido y a caminar con esperanza, paso a paso. Cada piedra en el camino marca la ruta hacia la victoria y puede convertirse en señal de dirección. Cada montaña tiene su valle, y es precisamente ahí —en lo profundo— donde descubrimos el porqué… y, sobre todo, el para qué.

¿Cómo se ve el éxito para ti hoy, después de haber transitado por tantos procesos internos y externos?

Hoy, el éxito se vive de una manera mucho más íntima y profunda. El reconocimiento público siempre es el reflejo del esfuerzo privado. Si no eres disciplinado cuando nadie te ve —estudiando, preparándote, perseverando—, no tendrás frutos genuinos que mostrar cuando llegue tu momento. El ruido de tu éxito será, algún día, el eco del sacrificio que hiciste en silencio. Para mí, el verdadero éxito es tener paz en el corazón y saber que estás en el lugar correcto, haciendo lo que fuiste llamada a hacer. Es tener una relación de amor y respeto con mis hijos, verlos triunfar y ver a una persona levantarse después de leer el libro. Trabajar junto a un equipo apasionado por lo que hacemos. El éxito es el propósito cumplido.

La Virtud del Proceso es una invitación a creer cuando todo parece perdido, a confiar cuando nada tiene sentido, y a caminar con esperanza, paso a paso»

¿Qué te hace brillar?

Ser real y leal. También, mi vulnerabilidad. Por años creí que lo que me hacía brillar era mi fuerza, pero hoy sé que es lo contrario. Brillo más cuando soy auténtica, cuando muestro mis cicatrices con dignidad, cuando abrazo mis procesos sin vergüenza. La capacidad de mantener relaciones sanas y genuinas. Cumplir cada meta que me propongo sin traicionar mis valores. Me hace brillar saber que no me rendí, que no pisoteé a nadie para avanzar, que no me comparo con los demás y que no permití que las circunstancias me detuvieran. Brillar no es ser perfecta; es empujar tu propia fuerza cuando todo en ti quiere rendirse, porque tu compromiso es más fuerte que tu agotamiento. Estar presente, con todo lo que soy: luces, sombras, fe y convicción.

@yuri_cordero

Te conectamos con las noticias de actualidad y las herramientas que te harán brillar en todos los aspectos de tu vida. Suscríbete al Shiny Newsletter aquí.